jueves, 6 de mayo de 2010

Sospechoso

Vivo en un departamento en Capital Federal, frente a una plaza. Como tantas otras plazas, a partir de las 18/19 horas, esa plaza deja de ser de los vecinos para ser de:
- dealers de drogas
- cartoneros
- homeless
- clientes de los dealers de drogas
- centro de consumo

No soy uno de los que se visten con ropaje de moralina para teorizar sobre si está bien o mal y tampoco quiero hacer de esto el comentario de mi entrada. Simplemente digo que sólo cruzando una o dos veces por semana la plaza en ese horario, sé quién consume, quién vende, quien reparte, quién bajo el disfraz de cartonero o sin hogar arrebata carteras, billeteras, celulares, quién bajo el disfraz de trapito incomoda a los conductores de autos, quién bajo el disfraz de delivery en realidad reparte otra cosa que pizzas y empanadas.
Ah, sí, también veo a dos policías en la esquina de esa plaza haciendo.... nada. O se graduaron de la escuela de policía raspando o son tan tontos de no darse cuenta de lo que me doy cuenta yo, o yo tengo la capacidad de convertirme muy pronto en James Bond o.... sí, la poli está en el tongo.
Todos también sabemos donde están los puteríos, donde la prostitución no debiera configurar un delito pero si los proxenetas, 0 los que traen a las chicas del interior engañadas, drogadas, golpeadas.
Había dos kioscos en mi cuadra. Uno siempre tenía gaseosas, galletitas, alfajores, pero no tenía clientes. El otro no tenía ni una latita de Coca Cola, pero a las 2 de la mañana (sí, como leen) había cola de clientes... y en la puerta, un policía (¿custodiando?)
No estoy describiendo a la Villa 1-11-14 como mi barrio, ya que vivo en Belgrano que en la caprichosa clasificación urbana vendría a ser un barrio de clase media acomodada.

Todas estas verdades de Perogrullo, me llevaron a pensar el otro día cómo es posible que un gobierno autodenominado progre (o fachoprogre como lo definió la Revista Noticias), que hace de la defensa de derechos humanos "de este lado", y que busca enemigos hasta en la sopa, nunca haya emitido ni un gesto de condena, ni una acción mediática, ni una declaración pública, ni un chiste patético de Animal Fernandez sobre la corrupción policial.
Nada sobre la complicidad policial en la trata de personas, en la venta de drogas, en los manteros de las calles, en el juego clandestino, en el accionar de los trapitos, en el peligro de los motochorros. Ni siquiera en el discurso progre de condena al gatillo fácil, a la situación de violencia en las cárceles, a las detenciones ilegales, que se suceden en la Federal y en muchas provincias.
El Gobierno busca enemigos donde no los hay: militares, campo, empresarios nacionales, empresarios internacionales, medios, Uruguay, Perú, USA, etc. Pero con la policía, nada de nada.

Raro, no?

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