Mi infancia transcurrió durante la dictadura militar. Comencé primer grado en los inicios del mal llamado Proceso, y mi sexto grado fue aprendiendo de memoria la Marcha de las Malvinas.
Recuerdo el miedo de mis padres, el auto con las luces interiores prendidas al pasar por un cuartel, también los atentados del terrorismo, el ir a despedir con banderitas argentinas a los soldados que iban al Beagle o la angustia de mamá por la vecina que estaba esperando la convocatoria de su hijo a Malvinas.
Mi adolescencia fue en democracia, cursé la secundaria con los primeros aires de la libertad, que convivían con la generación de mis padres que (justificadamente) aun seguían temerosos. Nos preocupábamos cuando en los diarios se titulaba "Inquietud Militar por las declaraciones del Presidente" y semanalmente se especulaba en reuniones sociales "cuando volvían los militares"
Hoy, lo que siento es que me robaron esa historia y esa memoria que prefiero tener. En nombre del falso progresismo, el patético matrimonio gobernante y sus secuaces me secuestraron mi propio pensamiento sobre lo que sucedió durante la dictadura. Lo hicieron como hacen todo, bestialmente, autoritariamente (precisamente, condenando el autoritarismo), deformadamente. Un día establecieron que la historia de los derechos humanos en la Argentina comienza con el gobierno de ellos.
Injustamente, prefirieron olvidar que los que murieron lo hicieron precisamente por defender hasta con su vida sus (para mí equivocados) ideales, y los que sobrevivieron (oh casualidad la cúpula de Montoneros, ERP, etc) lo hicieron por pactar con Massera y sus secuaces.
Injustamente, prefirieron olvidar al Dr. Alfonsín, que mientras ellos estaban escondidos abajo de la cama en la patagonia (y cuando no lo hacían, especulaban con la Circular 1050 para enriquecerse), Don Raul en plena dictadura integraba la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH)
Injustamente, prefirieron olvidar que Argentina en 1984 (y no en 2003) fue el primer país del mundo (porque el juicio de Nurembeg se hizo alentado por los países vencedores) en juzgar a una junta militar por un gobierno de facto. Es cierto que hubo obediencia debida y punto final como también es cierto que el PJ (partido de los K) en 1983 impulsaba una ley de amnistía, o que en 1990 el PJ decretó un indulto, y como si fuera poco en 2002 se mandaron otro favoreciendo a carapintadas y MTP. También es cierto que en 1984 había que enfrentarse a un poderoso Videla o Bussi con alto predicamento en las FFAA y no ahora, 34 años después con dos viejos decrépitos y babeándose.
Injustamente, prefirieron olvidar que en 1984 también se impulsó la teoría de los dos demonios (a mi modo de ver, jurídicamente impecable) para condenar a los grupos terroristas que cometían atrocidades en el marco de un gobierno constitucional (y para peor, peronista como ellos) en nombre de no se sabe qué (hoy, para el discurso oficialista, eran jovenes idealistas...); y a las bestias de uniforme militar que, apartados de la ley, cometieron los peores crímenes de la historia argentina. Ver a las Madres, otrora símbolo de lucha por los derechos humanos, venderse por monedas es faltar el respeto a sus propios hijos.
Estoy enojado porque me robaron la forma de recordar este periodo oscuro de la Argentina. Quizá, cuando haya un nuevo gobierno, el ejercicio de la memoria sea completo, y recordemos (sobre todo al votar) quién hizo qué por los derechos humanos. Aunque parezca una tontería en nuestro país es bueno recordar que los derechos humanos son los de TODOS, independientemente de con qué lado del cerebro se piensa.
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