lunes, 22 de febrero de 2010

Ni en esto

Creo que hay pocas cosas (aparte de la pasión desbocada por nuestro equipo de fútbol en cada mundial) que una más a los argentinos, desde la Puna hasta Tierra del Fuego, que nuestra convicción sobre los derechos soberanos de Argentina sobre las Islas Malvinas.
Sin embargo, ni aun en ese tema tan sensible hay una política de Estado definida, acordada entre todos los sectores (políticos, empresariales, etc.) sobre lo que se debe hacer para la defensa de la soberanía, y el cómo hacerlo, ahora y siempre. Y que ante cada cambio que se produzca en el escenario internacional, cómo adecuar dicha política de estado a esos cambios.
No sucede, ni siquiera con esto que nos une a todos.
No voy a cometer el mismo error y caer en la misma necedad, al igual que muchos medios gráficos, radiales o televisivos sobre la cuestión Malvinas. Pero sí me dedico a leer o escuchar a diplomáticos, especialistas en política exterior, analistas de defensa, etc, antes que caer en la mediocridad de estar atento al periodista de un medio afin o adverso al gobierno. Así que acá no voy a opinar sobre la materia, o si sobre este patético gobierno hizo mal o bien con sus últimas medidas (aunque por lo leído hasta acá, otra no quedaba).
La primera impresión igualmente que me viene a la mente de cualquier modo excede este último decreto, o el apoyo que pueda tener Argentina hoy en la Cumbre del Grupo Rio. La primera sensación es la política zigzagueante de todos los gobiernos argentinos en algo que debe ser analizado con mucha más precisión y mucha menos improvisación o pasiones transitorias.
Desde el desinterés sobre Malvinas del tercer gobierno de Perón y/o a la posibilidad cierta de la recuperación de las islas (por el desinterés del Reino Unido) en los 70's, a una guerra absurda, improvisada y trágica en 1982, luego el "paraguas diplomático" del gobierno de Alfonsín (esto era, discutir el resto de los temas, y dejar el tema de soberanía pendiente), al reconocimiento del status jurídico de los habitantes isleños (menemismo), a la denuncia de los acuerdos económicos firmados en 2005 y desconocimiento de la autonomía de los malvinenses, el Estado cambió la política permanentemente, sin acuerdos internos, sin plantear seriamente cómo luchar por la recuperación por vía diplomática de las islas y cómo lograr beneficios parciales (principalmente económicos) en el mientras tanto. El último decreto de la Primera Dama, por caso, ni siquiera fue previamente acordado con las otras fuerzas políticas, en algo que, insisto, no hubiera generado demasiada oposición, al menos en principio.
Reitero, no soy especialista en este tema, ni puedo elevar juicios de valor, en primer lugar, en respeto a los casi 900 soldados muertos en la guerra y al sufrimiento de sus familias, pero desde el sentido común siento cómo nuestro país no tiene claro qué hacer. E insisto, no hay nada que pueda unirnos más y encajar en una política de estado real que el tema Malvinas. Es hora, no?
Abrazos Varios

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