sábado, 23 de enero de 2010

Tu También Cobos, hijo mío?

Por las anteriores entradas que pudieron haber leido, habrán concluido inmediatamente de mi antiperonismo militante, mi aversión a los intolerantes, mi cautela frente a aquellos que no escuchan al otro sino que mientras éste habla, van elaborando su respuesta. Incluyo en mi lista a aquellos que para defenderse de una crítica reaccionan de inmediato con que lo hecho por el otro fue tanto o más pernicioso que lo que uno defiende.
Esto y decir que soy profundamente opositor a este des-gobierno es lo mismo.
El presidente de la Nación y la Primera Dama a cargo del PEN (no se trata de un error, claro) han establecido una patotacracia, con aspiraciones de gobierno populista. Y digo, con aspiraciones, dado que el pueblo (como masa informe individualizada, al estilo de los gobiernos fascistas históricos) no es beneficiario de sus medidas de gobierno, sino que lo son ellos mismos, sus recontraalcahuetes y un séquito de empresarios "recién venidos" y sindicalistas "hace mucho venidos".
En el otro rincón, un abanico opositor que, o no escucha a la gente, o la escucha poco, sólo enfrascado en una guerra de egos que se asemeja patéticamente a estas prostitutas del rubro 59 con aspirantes a vedettes que arman escandaletes en los programas de chimentos de la tarde.
Y, finalmente una rara avis institucional: Julio Cobos, el Cleto.
Ingeniero, con una cara que acompaña perfectamente a su profesión, gobernó según tengo entendido y leído eficazmente la provincia de Mendoza, se despegó del Titanic radical, y se abrazó ingenuamente quizás a la mal llamada Concertación (no se puede "concertar" con tipos unipensantes y cero tolerancia al disenso).
En realidad, la figura del vicepresidente es una rara avis institucional, ya que no integra el Poder Ejecutivo (salvo la opinión de los pésimos abogados CFK y Anibal) sino que es el Presidente del Senado (o sea el otro poder, Cris) y asume el PEN provisoriamente ante ausencia del Presidente y/o por aplicación de la Ley de Acefalía.
Hasta acá, verdades de Perogrullo. Pero a diferencia del cobarde y nefasto Chacho Alvarez, que huyó por la ventana en 2000 sin antes dejar de proponer a Cavallo (¿?) como Ministro de Economía del Titanic Radical, el Cleto no se quiere ir. Formalmente, porque dice que de este modo sostiene la mínima base institucional que nos queda como República; informalmente, porque sabe que está primero en las encuestas cuanto más lo atacan el Presidente y la Primera dama, y que su proyecto político va de la mano de la victimización de su figura.
Por otro lado, el Oficialismo sostiene que debe renunciar, formalmente porque no puede ser oficialismo y oposición al mismo tiempo (claro, de paso tratan de olvidar en esa memoria selectiva que tienen que no es convocado a ninguna reunión, ni solventado en sus gastos, ni autorizado a realizar viajes, o discutir programas de des-gobierno). E informalmente, porque saben que con un Senado empatado habrá varios "casos 125" en la Cámara, y es mejor que esté el títere Pampuro que el Ingeniero.
Más allá, el resto de la oposición diciendo que se quede (los radicales que se aferran al Cleto como máxima posibilidad de resurgimiento), que se vaya (Carrió ya probó el conchero y quiere ser la única diva indiscutible de la oposición, al punto de darle la razón a la Presidenta!!! -Canal TN, jueves por la tarde-; Macri -que cada tanto recuerda que gobierna la Ciudad y pregunta dónde queda Villa Lugano; y la patética izquierda nuestra de cada día que todavía no se enteró que se cayó el Muro - digo, no pueden hacer un cursito con Ricardo Lagos, Lula o Tabaré?)
Lo cierto es que, en lo personal (y si estimados, este es mi blog), no tengo una posición tomada al respecto, si bien, como abogado formado en una Universidad democrática y de apego a la Constitución Nacional (un librito que nos dan en la secundaria y que los políticos usan en el baño como elemento higiénico), sostengo que en todo gobierno peronista (este y todos los demás), la sociedad tiene que poner todos sus ojos en la defensa de las instituciones para sostener la República y el imperio de la Ley.
Que Cobos sea el Presidente del Senado me tranquiliza en ese aspecto, como garantía para evitar los constantes actos de esta patotacracia.
Pero el error fundamental del Cleto es precisamente la sobreactuación de su función: el tiene como todos, segundas intenciones y dificilmente con el correr de los meses pueda seguir disimulando las mismas. Y así se retroalimenta la teoría conspirativa que sólo los K ven al punto de suspender un viaje a China (la segunda economía del mundo a punto de convertirse en la primera y con millones de chinos ávidos de lo que Argentina produce).
En síntesis, amigo Cleto: si te quedás, no sobreactúes, para eso ya tenemos a la Vidente Chaqueña y a los peronistas reciclados (o, la misma mierda, con distinto olor).

Abrazos Varios

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