miércoles, 27 de enero de 2010

La conducta histérica de la clase media

No señores, no se trata de un error de tipeo, no quise decir "histórica", quis decir precisamente "histérica".
Formé, formo y segurament formaré parte de la clase media argentina, aunque las estadísticas en este país digan que por mis ingresos formo parte del selecto club del 10% con ingresos más altos del país (esperen que me agarró un ataque de risa y retomo).

Me asombra la conducta de nuestra bendita clase media, sobre todo en estos tiempos de patotacracia. En realidad, lo que me asombra es la "no conducta" de la clase media en Argentina, mejor dicho.

Si no me equivoco, los únicos cuatro actos históricos de la clase media en los últimos 50 años, han sido llenar la Plaza de Mayo para aplaudir la rconquista de un territorio violentamente (1982) recibir un presidente (1983), llenar la Plaza de Mayo para respaldarlo (1987) y llenarla nuevamente para echarlo (2001). En el resto de los años, silencio sepulcral...

Esos espacios vacíos que deja la clase media argentina son rápidamente cubiertos por otros intereses, por ende el pecado de omisión aun es mayor. Ya hablaeré en otras entradas sobre los espacios de poder cedidos (al peronismo básicamente, gran responsabilidad del radicalismo inerte, de la derecha dinosaurio y de la izquierda que no se enteró que cayó el muro de Berlín) y de la reconquista de la democracia (confusamente atribuida a la "lucha" -¿?- del pueblo argentino contra los militares).

De este modo, el espacio que no ocupa la clase media argentina inevitablemente será ocupado por la clase baja, lamentablemente ésta no se moviliza per se, sino coaccionada por el poder político (en el gobierno o en la oposición) y arreadas como ganado para apoyar o defenestrar lo que sea; cambiarán las banderas, eso es lo de menos, pero lo importante es ocupar los espacios. Pobres movilizados por los ladrones del conurbano (perdón, barones), piqueteros oficialistas, piqueteros ex oficialistas, piqueteros arrastrados por corrientes clasistas y combativas, saqueadores menemistas en 1989, saqueadores duhaldistas en 2001....

La clase alta no necesita ocupar espacios, basta sólo con tener su broker o contador a mano y sacar los fondos del país al menor atisbo de inseguridad jurídica o política que presientan, siempre con acceso a la información del diario de pasado mañana. El espacio que ocupan casi siempre es invisible pero las consecuencias de sus actos con el tiempo, se sienten.

¿Y la clase media? Bien, gracias. ¿Pero acaso está bien?

En 1983 la esperanza unió a todos los argentinos, de todas las clases, pero la clase media sintió que el alfonsinismo venía a dar respuesta a todos sus males. La desesperanza también llegó prontamente a todos los niveles, a algunos más rápidos que a otros. Sólo un acto civil y democrático en 1987 contra los últimos resabios de golpismo militar la enalteció (pero sólo hasta el día de Pascuas).

En 2001, salió (salimos) a la calle desesperados. Habían atacado lo peor que como clase pueden atacarnos: el bolsillo. Aunque en realidad, sentíamos el síntoma de perder esa pequeña y burguesa aspiración que el menemismo nos había legado: viajar como los ricos, sentir el uno a uno, comprar lo último en tecnología. Absolutamente merecido, porque la clase media la conformamos básicamente de gente honesta y trabajadora, aunque con poca responsabilidad social. Habíamos sentido el primer sacudón con el impuestazo delarruista y la tablita de Machinea, pero esto ya era demasiado: se metían con nuestros plazos fijos, con nuestros ahorros, con nuestros dólares... Las clases bajas, movilizadas por el aparato, hartas del desempleo y de la eterna postergación salieron a ocupar espacios junto con la clase media, movilizadas por sí mismas (con ayudita de los medios) hartas de no poder sacar su plata de los bancos. Y así, un presidente inepto huyó por los techos de la Rosada, el mismo que había sido encumbrado en el poder por la clase media que le dio su confianza, y ahora sus cacerolas.

¿Y después? ¿Acaso no hubo, no hay, motivos más imp0rtantes que un plazo fijo en dólares para movilizarnos?

¿Cuál es la escala de valores de los "clase media"?
¿Vale más un plazo fijo en dólares que el atropello institucional del gobierno?
¿Vale más sacar guita del Banelco que el nivel de inseguridad y miedo con el que vivimos?
¿Vale más viajar a Miami con el uno a uno que la desastrosa política educacional de nuestros hijos que hizo, por ejemplo, que sólo 2 provincias cumplieran en 2009 todo el ciclo lectivo?
¿Vale más la nafta o el transporte subsidiado o el festival de corrupción y capitalismo de amigos de esta patotacracia?

¿No hay motivos para cacerolear? ¿Tiene razón entonces Canal 7?

Cuando la inflación cabalga día a día, cuando da miedo salir a la calle más que nada por volver, cuando asisto aun con más miedo a cómo están siendo educados los chicos hoy en la escuela (y eso que en mi entorno familiar o social todavía se paga escuela privada), cuando asistimos impávidos a la violación constante de la Constitución por parte de los copresidentes y funcionarios, cuando vemos los procesos de reestatización (¿alguien sabe cuántos funcionarios fueron presos por privatizaciones mal asignadas?), me pregunto....¿acaso un plazo fijo en dólares vale más?

Una última anécdota que pinta de cuerpo entero esta sensación que comparto con Uds. Hace pocos meses participé de una movilización al Congreso para rechazar el proyecto de Ley de Medios que el Gobierno defendía (y aclaro que, al igual que el payaso Anibal, uso Clarín para envolver los huevos y veo TN con un solo ojo), y con suerte habremos sido 500 personas. Es decir, nadie, o muy pocos, para no se descortés con quienes se tomaron el trabajo de concurrir. Al otro día, voy a un Pago Fácil, y asisto a un griterío, provocado por una mujer de mi edad, que, ofendida, protestaba por la atención brindada sólo por 3 cajas habiendo 8 posiciones de atención. Razones no le faltaban a la señora, con facha de abogada o contadora, pero se desbarranca diciendo :"claro, una parece una loca, el tema es que acá son todos corderos".
No me iba a sumar a la escena, pero me dieron terribles ganas de preguntarle: ¿Anoche donde estabas? Y ayer? Y antes de ayer?. No se lo pregunté, por miedo a que me contestara "Mirando Valientes".

Abrazos Varios


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