sábado, 23 de enero de 2010

Hay que ser BI(Partidista)

La ventaja de haber nacido en una ciudad y vivir en otra es que uno cuenta con dos tipos de familia: la biológica, que vive en la ciudad donde uno nació y la adoptiva, que son los amigos que uno va formando y están siempre disponibles, al toque de un teléfono.
Entre esos amigos, tengo una amiga que le gusta la política, la economía y la historia como a mí, una persona a quien quiero y admiro por sus conocimientos en la materia (principalmente la financiera) con aciertos sobre lo que vendrá. Así que nuestros diálogos son muy interesantes cuando tocamos temas referidos a estos tópicos.
Y casi siempre, coincidimos en todo, o en casi todo.
Pero en donde disentimos profundamente es en mi convicción acerca de que en la Argentina tiene que resurgir el bipartidismo como única garantía de alternancia en la República.
La crisis del 2001 llevó puesto explícitamente al radicalismo e implícitamente al peronismo. Al radicalismo, desde ya por los errores propios de un presidente inexistente y por la reacción principalmente de la clase media (en definitiva, sus votantes) ante la traición de De La Rúa (impuestazo, sobornos en el Senado y corralito); y también por acciones externas (Duhalde, la UIA, Clarin) intentando que el radicalismo hiciera la tarea sucia que el menemismo no quiso hacer (obviamente, devaluar; a propósito, se acuerdan quién era el Vicepresidente y Gobernador del Primer Estado Argentino durante el menemismo, no?). Claro que Chupete, de haber devaluado en el primer mes de gobierno, sólo hubiera adelantado los cacerolazos de la clase media, verdad?.
El Peronismo también sintió los cimbronazos de las cacerolas, aunque en menor medida. Al reemplazar a De La Rúa, no tenía idea ni por donde empezar, poniendo en primer término al impresentable Adolfo quien declaró al default y los políticos cantaban orgullosos la Marcha Peronista ( la que te perdiste, Tato Bores!!!)
Así fue como esa dispersión dirigencial dio lugar a una diáspora radical y peronista y lo único que se consiguió fue elevar a la Presidencia a un ignoto gobernador patagónico con el insignificante apoyo del 22% del electorado, en una elección malignamente pergeñada (otra vez) por Duhalde que hizo que hubiera por ejemplo 4 candidatos peronistas, y 2 ex radicales. Un fiasco.
Pero lo que fui observando con el correr de estos últimos años, es que debiera haber dos grandes troncos ideológicos en la Argentina, orgánicamente bien constituidos, con ideas fuerza acerca del rol del Estado, la distribución de las riquezas, la producción, la inserción de Argentina en el mundo etc.
Incluso se ha llegado a la paradoja en los últimos años de ver que hay más cosas que acercan a peronistas A (o autodenominados de izquierda) y radicales A (ex alfonsinistas) de allá que a peronistas B (conservadores) de radicales B (delarruistas o ex balbinistas).
Si tan sólo se lograra construir desde la política estas dos fuerzas (denominémoslas como querramos no es necesario que sean de nuevo la UCR o el PJ) creo que se garantizaría la alternancia en el poder.
Asimismo, y como ocurre en otros países, puede haber partidos satélites de presencia casi testimonial (los innumerables partidos de izquierda por caso) que cumplirían el rol de balanza en el Congreso en el apoyo o repudio de ciertas leyes.
Esta postura mía incluso sé que es contraria a los espurios intereses del Partido Justicialista. Va de suyo que el objetivo del peronismo es que los otros partidos aparezcan disgregados dado que el PJ siempre se encolumnan detrás de quien les garantice el triunfo y la ideología la van moldeando de acuerdo a sus intereses (económicos propios, desde ya). Ayer Menem, hoy Kirchner, mañana Reutemann, De Narvaez, Macri, Solá, Moyano....
Los países en serio, los de verdad, basan su rol institucional en dos troncos partidario-ideológicos con un grupo de pequeños partidos testimoniales: Francia (Socialistas y Liberales), Estados Unidos (Republicanos y Demócratas), España (PP y PSOE), Uruguay (Frenta Amplio y coalición de partidos tradicionales). Incluso Chile que ha dado muestras días atrás de cómo se encara una democracia, con una presidenta con el 82% de imagen positiva (la "cariñocracia" como la denominan) y un presidente electo del partido contrario, sin que se produzca ninguna remezón politico-economica. Así les va. Así nos va.

Abrazos Varios

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