lunes, 25 de enero de 2010

El Poder en la Argentina

Escena:
Año 2000. De la Rúa, intenta ser presidente de Argentina, y que por sobre todas las cosas, que le crean. Asiste con su cara de nada al inclasificable programa de Mariano Grondona, Hora Clave. El país vive un anticipo de lo que será 2001 y que podemos calificar de "pre-caos". En el reportaje, Grondona le critica su debilidad. La reacción de Chupete, lastimosa, patética, es golpear con su puño fuertemente la mesa y decir que el ejerce el poder; "ahí tiene" dice, desafiante.

Es tan sólo un ejemplo que me viene a la memoria, pero lo cierto es que ese acto, repetido innumerables veces en los programas de tv con material de archivo, es una muestra cabal de cómo los argentinos concebimos al poder.

El Poder es, ante todo en el país, la fuerza. No es la convicción en la oratoria, no es la capacidad de generar consensos, no es la virtud de señalar el camino en la certeza que será acompañado por la masa, sino que es el mostrar que grito más fuerte, que tengo autoridad (aunque en realidad es que soy autoritario) o como decimos en el barrio, "que la tengo más grande".
No es así en otros países del mundo, incluso en nuestra propia región, en donde las sociedades tienen una capacidad innata de detectar ese tipo de líderes y de desplazarlos e incluso hundirlos en las ciénagas de la historia. Hoy son casos aisladísimos de gente que sienta nostalgia por Hitler, o Franco, o Mussolini, o Vargas, incluso hasta Pinochet (salvo por el manejo eficiente de la economía, no por sus salvajadas).

Pero en Argentina es exactamente al revés. Valoramos a los líderes con fuerte tendencia autoritaria, poco propensos al diálogo o la búsqueda de consensos (al contrario, es síntoma de profunda debilidad), que "pegue duro" contra las instituciones, que "ponga huevos".
Dos ejercicios que ayudan a comprender aún más mi teoría: suban a un taxi donde su chofer, eterno oyente de Radio 10, pide "mano dura" para lo que sea: la inseguridad, el FMI, el campo, los trapitos, los colectiveros, lo que sea. Otro caso es cualquier charla en la fila de un banco; deslice una queja sobre lo lento que va la cola, y enseguida la frase "es que acá nadie quiere trabajar, acá falta una mano dura" sale casi como por default de la boca del interlocutor.
Algunos atribuyen esto al "enano fascista" que todos llevamos dentro; yo no lo comparto, creo atribuirlo a una concepción del poder que asimila poder a la extraña relación autoridad/autoritarismo.

Posiblemente, en la generación anterior a la mía (38 años) sea comprensible esta concepción. Formados en el primer peronismo, educados en regímenes militares con valles democráticos de presidentes con el mote de "débiles" (mirando la historia hoy, ¿Frondizi lo fue?; ¿fue justo denominar "tortuga" a Illia?), la tendencia generacional de la época era elevar al rango de líderes a aquellos que tenían poder (insisto, autoritarismo) a aquellos que no lo tenían. Perón, si se hiciera una encuesta, se llevaría el mote de haber ejercido bien el poder, incluyendo precisamente en el listado todos los actos autoritarios e intolerantes que fueron marca de su gobierno. En su regreso, Perón ya no ejercía el poder real, pero tampo el poder legal, se lo veía como débil cuando hábilmente pidió dialogar y consensuar políticas de Estado (sabiendo que de no hacerlo el país se embarcaba inexorablemente - como de hecho lo fue- a los extremismos ideológicos). En el primer derrocamiento de Perón, el concepto de Poder/Mano Dura/Autoridad pasó a los militares. Ellos tienen el poder, mientras que los interregnos democráticos (Frondizi, Illia) eran presidentes débiles, y otra vez, el reclamo de mano dura.

Para mi generación, formados en la escuela secundaria del primer gobierno democráctico, educados en la Universidad o con trabajo en el gobierno de Menem, es más incomprensible que se vincule el poder al ejercicio abusivo de la autoridad. Esto, y no otra cosa, es lo que hizo que Kirchner asumiera el poder en 2003. Los medios, incluso los que hoy se sienten víctimas de una persecución política, resaltaban "la reconquista del poder presidencial", "el recupero del presidencialismo" de K, frente a la "debilidad" de De la Rúa.

En ese entonces para gran parte de la sociedad (no olvidemos por favor que NK se fue con el 60% de imagen positiva en 2007) aplaudía su ataque contra los organismos financieros externos, contra los militares (como si aun en la ESMA dictara clases Massera), contra el menemismo, contra la Alianza (la mitad de su gabinete provenía de ese ensayo), etc. El "desbarranque" del "exceso de poder" comienza en el conflicto del campo, seamos sinceros, no antes. Antes era el ejercicio del poder presidencial frente al débil De La Rúa. Como antes lo fue Menem respecto a Alfonsín, y más atrás Onganía, frente a Illia. Ni hablar del respaldo popular (vamos, seamos como pueblo autocríticos) a Videla frente a la (otra vez) debilidad de Isabel.

Lamentablemente, creo que gran parte de los problemas de nuestro país deriva de esta concepción de poder. Hoy nadie en España (y eso que atraviesa una profunda crisis político-económica) habla de un líder de mano dura símil Franco. Nadie en Italia, aun con el inefable Berlusconi busca una salida autoritaria y hasta incluso marcan fuertemente con marchas y reclamos sociales los desvíos autoritarios de don Silvio. Chile acaba de votar masivamente a un candidato de derecha, aun crítico del regimen pinochetista. Y en el otro extremo, Uruguay elevó a la presidencia a un tupamaro, conscientes de que llevará adelante políticas de estado y que cualquier retroceso será severamente sancionado por la sociedad (de hecho, no acompañaron al Frente Amplio en la derogación de la ley de amnistía).
Y en casa.... como andamos?

Abrazos varios

2 comentarios:

  1. REFLEXION CORTITA NO NOS OLVIDEMOS DEL RADICALISMO EXPLICITO I Y II Y III, LOS MISMOS QUE CON SUS OPERADORES POLITICOS, PERMITIERON DARLE EL PODER QUE NO TENIA AL PERONISMO, ORGANIZANDOSE EN GOBIERNOS DE ALTERNANCIA.
    ALTERNANCIA, EN EL AFANO, EN LA DECADENCIA, EN LA CONFUSION DE ORIGENES PARTIDARIOS ETC.....

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  2. Gracias por tu participaciòn, y no solo estoy de acuerdo, sino que ademàs me das pie para una pròxima entrada que estoy haciendo, "Los espacios cedidos". A veces, "la culpa no es del chancho....", no?

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